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Exhibition | Eighteenth-Century Fans from the Lázaro Collection

Posted in books, catalogues, exhibitions by Editor on December 28, 2014

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Thanks to Pierre-Henri Biger for noting this exhibition now on view at the Fundación Lázaro Galdiano:

Abanicos del Siglo XVIII en la Colección Lázaro
Museo Lázaro Galdiano, Madrid, 10 October 2014 — 26 January 2015

Curated by Carmen Espinosa

La exposición Abanicos del siglo XVIII en la Colección Lázaro, comisariada por Carmen Espinosa, conservadora jefe del Museo Lázaro Galdiano, se compone de una cuidada selección de 24 piezas correspondientes a la edad de oro del abanico, elemento fundamental del adorno personal femenino, signo de distinción y de lujo. La gran variedad de abanicos que atesoró José Lázaro es muestra de su incansable búsqueda como coleccionista, de meses e incluso años, para encontrar piezas con las que obsequiar a su esposa, Paula Florido, desde que la conoció en 1901.

Los ejemplares expuestos en Abanicos del siglo XVIII en la Colección Lázaro constituyen un excelente repertorio que permite al visitante apreciar la evolución de este complemento femenino. Se muestran obras tempranas, del primer tercio del siglo XVIII, donde las referencias al barroco clasicista son evidentes; piezas en las que vemos cómo se va fraguando el gusto rococó que dio lugar al abanico galante, fiel reflejo de la vida refinada y placentera de los nobles y burgueses europeos del segundo tercio de la centuria; y otras de estructura sencilla, pero de calidad, que nos adentran en el estilo neoclásico y la moda Imperio.

Las pinturas de los países están realizadas sobre papel o vitela -piel de vaca o ternera, adobada y pulida-, materiales que permiten el plegado, y están inspiradas en asuntos mitológicos, históricos, galantes y pastorales. Los poemas homéricos de la Iliada y la Odisea, unidos a la Eneida de Virgilio y Las Metamorfosis de Ovidio, fueron una fuente inagotable para los pintores de abanicos junto a las gestas de Alejandro Magno cuya figura encarnó los ideales de valor, poder y nobleza. La pintura de los abanicos de estilo Luis XV, identificados con el rococó, refleja la creciente hegemonía de la mujer en la vida social, protagonista indiscutible reflejada en la diosa Venus, personificación del amor, la belleza y la fertilidad; en Juno, diosa del matrimonio y protectora de la mujer; o en Onfalia que hizo que Hércules olvidará su valentía abandonándose a los placeres del amor. De la historia religiosa, habitual en abanicos del primer tercio del siglo, se escogieron relatos del Antiguo Testamento, aquellos donde la mujer desempeñó un papel fundamental como Sansón y Dalila, Salomé, Betsabé o la reina de Saba. A partir de 1750, a la literatura se unen, como fuente de inspiración para los pintores, el teatro, la ópera y el ballet.

Las pinturas de Antoine Coypel, Charles Le Brun y sobre todo las de Jean Antoine Watteau y François Boucher, creadores de la fiesta galante y de la pintura pastoral, son otro gran referente para la decoración de los abanicos dieciochescos. Esta riqueza iconográfica se muestra en los abanicos de la Colección Lázaro y queda patente en esta exposición.

Variedad y calidad están presentes en los abanicos de esta muestra, citemos como ejemplo uno francés con la representación de la Alegoría de las Artes o el italiano con una escena de toilette, que figuran entre las más ostentosas de la colección. También podemos deleitarnos con los elegantes varillajes realizados en marfil o carey con trabajo de piqué -técnica italiana adoptada en Francia e Inglaterra que consiste en la incrustación de pequeños fragmentos de oro y plata-, tallados y calados en forma de rejilla o puntos -grillé / pointillé-, a los que se añaden pequeñas láminas de madreperla, plata dorada o corlada, nácar y, en ocasiones, piedras preciosas en el adorno de las palas y en el clavillo -pasador que sujeta las varillas, las fuentes y palas, del abanico-.

La colección de abanicos, compuesta por noventa piezas, es un caso especial entre todas las que conforman la Colección Lázaro. Sus obras, nos explica Carmen Espinosa, son algo más que objetos de colección, fueron testigos mudos de una relación personal, la de los coleccionistas José Lázaro y Paula Florido: desde que se conocieron, en 1901, y hasta la muerte de Paula en 1932, Lázaro regaló a su esposa abanicos en dos fechas muy señaladas: el 15 de enero, día de su cumpleaños, y el 29 de junio, en que celebraba su onomástica. Estos abanicos responden al gusto de Lázaro que se esforzó por encontrar las piezas con las que agasajar a su esposa aunque, evidentemente, existió cierta complicidad pues conocía su preferencia por la época de Luis XV y Luis XVI. Los abanicos del XVIII estaban considerados, a comienzos del siglo XX y aún hoy, como verdaderas joyas, muy buscadas y de gran valor.

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From La Tienda de Los Museos Online:

Este catálogo recoge la colección completa de abanicos (casi un centenar) en la que están incluidas las 24 piezas de la exposición.

Arte, Lujo y Sociabilidad: La Colección de Abanicos de Paula Florido (Año Edición, 2009), 134 pages, ISBN: 978-8496411906, 12€.

1549_12092014_img1Se trata de una muestra de abanicos de elite, con materiales en su mayoría nobles de textiles, metales, brillantes, países y varillaje bien hecho y torneado, en madera de peral o de carey, con ejemplares muy selectos que abarcan los siglos XVIII y XIX.

Entre los abanicos expuestos también se encontraban cocardas (tipo paipai redondeado y recogido) o pericones, de mayor tamaño, así como abanicos de baraja. En su mayoría abanicos franceses, italianos e ingleses, con escenas bíblicas, mitológicas, heroicas, galantes, de la Comedia del arte y muy pocos con motivos políticos como el del matrimonio de doña Isabel II. En el abanico elegante se buscaban brillos y destellos de luz para impactar en sociedad.

Un bello cuadro de Luis Paret y Alcazar La Tienda (1772), perteneciente al mismo museo, ilustra sobre el modo en que un caballero y una dama adquieren ejemplares de abanico o miniaturas en aquel colmado ilustrado.

Se añaden algunos grabados de Goya que también dan cuenta del uso del abanico en Los Caprichos, objeto de indumentaria de lujo en principio, que paulatinamente se fue popularizando. El abanico era una pieza utilizada por el hombre o la mujer indistintamente, aunque era la mujer la que ofrecía con él todo un código de señales de sociabilidad.

 

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